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Ese día.


"Un día perfecto
Haces que me olvide de mí mismo
Creí que era alguien diferente
Alguien bueno.
"
("A perfect day" Lou Reed).


Quizás sea un deseo, el combustible que alimenta nuestras esperanzas. Un objetivo carente de grietas; tras él vamos todos. La búsqueda que nos involucra y por la cual podemos hablar de nosotros.

Nosotros. Los hartos de esa familia numerosa que nos hunde en la más profunda de las soledades y también aquellos que decoloramos la superficie del techo de tanto gastarlo, de mirarlo sin ver, en la búsqueda de un plácido recuerdo.

Nosotros. Aquellos que defendemos nuestra independencia individual como al Santo Grial, y los que desfallecemos de insomnio por aquel lejano placer de dormir abrazando a quien amamos.

Nosotros. Los que deseamos una compañía solo de ocasión, donde mi libertad no se mancille con ningún condicionamiento. Los que extrañamos esos innumerables llamados telefónicos que quieren saber cómo estamos.

Nosotros. Los que aún ingenuamente pensamos que una canción puede cambiar al mundo, y los que no creemos en esa inmadura impostura de los que resisten al paso del tiempo con conductas adolescentes.

Nosotros. Los que nos sentimos obligados a ser felices dejando partir definitivamente nuestro pasado con sus dolores incluidos, sin comprometernos con lo que nos trajo aquellos padecimientos. Aquellos a los que, a pesar de desear la felicidad, los golpes de la vida nos han hecho escépticos de la vuelta de mejores tiempos, pero que aún así sentimos necesaria la adrenalina de jugar el corazón a un pleno.

Nosotros. Los que nos deprimimos el domingo a la noche de solo pensar que la semana empieza mal cuando nuestro equipo pierde, como así también los que pensamos que es irracional mutar el estado de ánimo por un vulgar deporte manejado por grandes grupos económicos.



Nosotros. Los que guardamos en ajadas libretas eso que nos conmueve desde la risa al llanto, para volcarlo en ignotos espacios destinados a ser leídos por el mundo. A los que nos altera esta vocación de fracasados que nunca traerá un beneficio económico.

Nosotros. Todos nosotros buscamos, deseamos y esperamos un día perfecto. Algunos lo han tenido y jamás lo dejarán caer en el olvido, resguardándolo del cinismo y la imperfección, posiblemente porque la nostalgia es la memoria con photoshop, como alguien dijo. Muchos esperan por ese día con la devoción esperanzada de un creyente. Jamás lo vivirán, pero se niegan a reconocer esa posibilidad; imposible dar por muerta la esperanza.

No sabemos cuándo sucederá, ni la forma que tendrá. Excede el poder de la imaginación y podrá adquirir la potencia de un reencuentro, el calor de una mirada o el fuego abrasador de un beso. Un día nos despertamos y sucede.

El deseo de todos los que hacemos Que mirás? es que mañana tengan unos de esos días... un día perfecto.


Marcelo Arturo Cappiello 
(Edición literaria: Jorge Prinzo)

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